El enfado resulta el peor enemigo de la educación

por en 27 Febrero

La labor de educar a un hijo es muy satisfactoria en ocasiones y también muy frustrante en otras. La causa de nuestros males no siempre es por la actitud de los hijos o las circunstancias en las que se educan, muchas veces la actitud de los padres no es la adecuada. El enfado, la riña, el cabreo constante en la que intentamos ejercer de educadores es la peor herramienta que podemos esgrimir.

Si nos encontramos en un estado de mal humor, probablemente debamos tratar de identificar el motivo, racionalizarlo y preguntarnos si es un buen momento para tratar de entablar una conversación con él. Posiblemente debamos primero buscar la calma y después elegir jugar con él. Si somos capaces de encontrar unos segundo para relajarnos, hacer deporte, con música o dando un paseo, nuestra actitud ante él va a ser muy distinta.
Enfrentarse a un hijo, sea el motivo que sea, tiene siempre un gran factor emocional, por tanto debemos controlar nuestro estado previo y evitar que la ira controle nuestras acciones. El contacto constante con los hijos no resulta tan beneficioso como se pueda pensar. Siempre será mucho mejor un pequeño tiempo de calidad y de intimidad que una larga jornada llena de altibajos.
Y si la situación se nos ha ido de las manos y nuestro enojo ha sido manifiesto, siempre habrá un momento posterior en el que, d una manera más calmada, hablemos con él, pedirle perdón si es necesario y tratar de explicarle el motivo del enfado. Puede ser muy bueno comentarle que trataras de no volver a repetir la misma situación y por supuesto escuchar cómo él ha vivido ese conflicto.
En nuestra charla entre padres e hijos deberemos de huir del uso de términos ofensivos y descalificativos. Es más perjudicial para el pequeño que piense que no hace nada bien, que el propio momento de la discusión. Como modelos de conducta para ellos, acaban imitando las actitudes que ven. Y por tanto resultará muy normal que si nos dirigimos hacia él de malos modos, él haga lo mismo. Y si le ignoramos por estar molestos con él, lo más seguro es que cundo necesite de nuestra ayuda, no sea capaz de pedirla.

El reproche es una constante merma de su desarrollo

Las actitudes negativas hacia sus acciones deberán ser controladas y las acciones positivas reforzadas. Además de ahondar en la impotencia como padres por no ser capaces de hacerlo bien, el mensaje negativo también provocará una sensación de pérdida en sus intenciones. Las ideas peyorativas no sirven para la mejora del comportamiento.
Los padres deben de ser conscientes que el hablar de una manera tranquila y relajada con los hijos no significa una pérdida de autoridad ni que la única manera de que nos hagan caso es por medio del enfado. Resulta más enriquecedor para ambos demostrar nuestra autoridad y sabiduría como padres in tener que recurrir a la cólera dialéctica. De esta manera además reforzaremos los lazos afectivos y la obediencia.
Por medio de la imposición de nuestra autoridad por medio del enfado generaremos que cada vez sea necesario aumentar el nivel de tensión  para que se obedezca. Y en ocasiones hasta que no nos mostremos fuera de nuestras casillas no cederán en sus planteamientos. Y esta situación a la larga mermará nuestra salud mental y el comportamiento nuestro se verá reflejado en el suyo con respecto a hermanos menores, amigos o familiares.
Las principales lecciones que los expertos en psicología aportan en este campo hablan de que hay que mostrar el enfado como una parte de la condición humana. Y como educadores de su personalidad debemos inculcarles la capacidad de controlar nuestros enfados. Y por otra parte desde el campo de la psicología se recomienda también saber elegir bien los momentos en los que el enfado es eficaz. Hay que saber elegir bien los momentos en los que mostrando la autoridad seremos eficaces en su educación.

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