Tener miedo se aprende y el cerebro es el mejor alumno

por en 26 Marzo

Del mismo modo que todos hemos oído hablar del experimento de Pavlov con su perro en el que le provocaba una respuesta tipo ante un estímulo determinado, en 1920 el psicólogo James Watson realizó un experimento eficaz pero a la vez poco ético.
Con la ayuda de un niño de once años demostraron que el miedo se aprende. Al acercar un pequeño ratón al que el niño no temía en principio se preguntaron cómo podían cambiar esta conducta. Así provocaban un enorme estruendo al acercar el ratón al pequeño. Al repetir esta acción de forma sucesiva, el niño comenzó a temer al roedor y a cualquier otro animal que fuera similar como perros o conejos. Es decir generaron en el niño lo que los psicólogos denominan un miedo condicionado.

Este experimento pretendía continuar para demostrar que si se aprende estas conductas también es posible desaprenderlas. Así querían continuar el experimento ofreciendo golosinas al pequeño, pero la madre de este decidió poner fin al estudio. Posiblemente no lo hubieran conseguido ya que hoy en día sabemos que el miedo condicionado es muy difícil de eliminar.

Este simple experimento demuestra cómo el ser humano aprende a tener miedo. Todos tememos cosas porque les hemos asociado un efecto negativo. Y así se generan las supersticiones. 

Un reciente estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts ha demostrado que el cerebro es capaz de unir recuerdos de sucesos ocurridos muy próximos en el tiempo y que despiertan en la mente una actitud a la defensiva ante una potencial amenaza

Estos recuerdos que se coordinan en el hipocampo vienen a excitar unas neuronas que relacionan el lugar donde estamos con un recuerdo, positivo o negativo,  que nos sucedió en ese sitio. 

Según este estudio, se puede aprender a tener miedo uniendo dos experiencias independientes, pero seguidas en el tiempo. Así por medio de una técnica denominada optogenética, han podido manipular grupos de neuronas de roedores, “desactivando” un determinado grupo para que esta relación de miedo condicionado no se dé. Incluso se han podido manipular determinados espaciados de tiempo del estímulo-respuesta para condicionar más la reacción.

Tanto para animales como para humanos, las asociaciones de memoria son importantes y son muchas veces las que condicionan nuestra actitud ante un estímulo que nos puede provocar quedarnos “muertos de miedo” sin actuar o bien no preocuparnos y superar situaciones de amenaza.

 

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